Si existe una fuente
energética que sea inagotable, gratuita, segura,
limpia y silenciosa, estamos hablando de la energía
solar. Y de ella derivan, directa o indirectamente,
casi todas las formas de energía que conocemos.
Sin embargo, hasta las últimas
décadas, la inercia de dos siglos caracterizados
por la ceguera del derroche y del consumo creciente,
sin considerar los límites que marca la propia
naturaleza en cuanto a sus recursos energéticos
y a su capacidad de almacenar residuos, ha impedido
ver al Sol como la principal fuente de energía
de la que abastecernos. |
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En un mundo convertido en una verdadera "aldea global",
donde los alimentos, el agua y el aire contaminados no entienden
de fronteras, un 20% de la población del planeta
consume el 80% de los recursos energéticos disponibles,
en su mayor parte altamente contaminantes y destructivos.
La demanda energética crece velozmente en el mundo
industrializado, mientras un 80% de la población
apenas puede cubrir las necesidades mínimas para
una vida digna..
En el mejor de los casos, si el 100% de la población
mundial dispusiese de medios para vivir como lo hacen, entre
otros, los europeos occidentales, las energías convencionales
no serían suficientes para abastecernos. Imaginar
el peor de los casos no tiene sentido: un desequilibrio
mayor o igual al actual lleva al planeta, incluida nuestra
sociedad del bienestar, al colapso, retrasando además,
pero no evitando, el agotamiento de las reservas energéticas.
Miles y miles de ciudadanos de la Unión Europea
y de todo el planeta, han apostado ya por la Energía
Solar y por el medio ambiente con resultados muy favorables,
no sólo a nivel energético, sino también
económico. Porque el Sol es ya, también, económicamente
rentable en muchas de sus aplicaciones y maduro tecnológicamente
en casi la totalidad de ellas.
Los gobiernos de la Unión Europea y de otros países,
las Comunidades Autónomas, como la de Madrid, y un
creciente número de Ayuntamientos se han dado cuenta
de la importancia del asunto y están favoreciendo
el uso de la Energía Solar a través de las
leyes y de programas de financiación y subvención
de instalaciones para su aprovechamiento, a la vez que van
limitando el consumo de fuentes energéticas no renovables
mediante tasas, etc.
Es más barato invertir en Energía Solar que
luchar contra la contaminación y el tratamiento de
residuos. El Sol sale todos los días, todos los años,
toda la vida, a diferencia de otras fuentes energéticas
cuyas reservas se están agotando. Da continuamente
sin pedir nada a cambio, sin cuotas ni recibos periódicos
por consumo. No tiene riesgos de explosión o de incendio,
ni depende de la estabilidad política de las regiones
productoras (es una energía autóctona). No
contamina, no tiene efectos secundarios, ni genera residuos,
ni gastos para eliminarlos o tratarlos. No hace ruido, ni
es molesto en su funcionamiento. Nos transmite optimismo
y alegría. No viene a sustituir a nada, sino a complementar
e inundar de luz y calor cada espacio vital de nuestros
hogares y actividades.